17 de octubre de 2012

La piel que asoma.


Me atrevería por un segundo a mirar por debajo de aquella delgada tela, para desentrañar enorme misterio del origen de marca tan llamativa, quizá un rasguño o una infantil caída. Rozar lentamente, tan solo con el índice, de manera imperceptible, fruto tan preciado que estremece a cualquier contacto. Es la piel que asoma, exquisita tentación para un taciturno como yo, que no encuentra palabras para tan sublime resultado que la naturaleza concibió. Solo el llanto profundo de una hermosa criatura lograría golpear mis sienes para retornar del profundo estado en el que tersa cicatriz me ha dejado. 

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