17 de agosto de 2013

El falo Franciscano.

   Les dejo este ensayo que publiqué hace poco. Saludos y recuerda que es lindo saber de ti.
Escribo esto a manera de ensayo de una forma muy breve, no presento una tesis original que pone a prueba ideas nuevas que yo concibo, es más bien un premisa que a manera de pista histórica presento a partir de un breve fragmento que extraigo del autor Samuel Ramos y su libro El perfil del hombre y la cultura en México, obra de amplia riqueza temática sobre el estadio mexicano. De todo esto solo extraigo un pequeño fragmento tan sutil pero tan brillante que me he permitido abordar por dos razones, la primera por mi afinidad hacia el arte y la segunda es por mi firme creencia de que la respuesta se encuentra en nuestra nación, en nosotros mismos.
Si hacemos una recapitulación histórica, podemos notar que durante la segunda conquista (conquista espiritual) que se lleva acabo en México a partir de la llegada del hombre europeo, se formo un choque de personalidad social entre el carácter colectivo y dual de los mexicanos, y el pensamiento individualista y de posesión español, temperamentos que se relacionaron para complementarse de manera identitaria creando una relación entre lo femenino y lo masculino, entre cosmogonía y religión,  virginidad y dominio. Una conquista perpetua por falta de superación y entendimiento, y que abarca muchos de los aspectos que nos rodean como el sentido conceptual de nuestro lenguaje, la religión y el arte; es en este segundo punto donde me detengo para hacer una corta reflexión a partir de lo que nos menciona Ramos sobre la llegada del otro hombre:
“… en México surge el arte de las iglesias como expresión ideal de la cultura criolla… Primero fue el estilo franciscano, de una sencillez ascética, construido en ángulos y líneas rectas que imprimen a la silueta del templo un sello militar de fortaleza. Sus masas geométricas, de aristas cortantes son la expresión de una enérgica masculinidad casi agresiva, que levantó estas torres en los parajes solitarios para dominar la selva.”[1]
Ramos nos regala de manera sencilla un pensamiento del cual no se quiso encargar, quizá por no ser un objetivo primario o por no ser un momento adecuado, aquí nos señala como la llegada de los franciscanos no solo fue un acto evangelizador para guiar a los conquistados por el camino de la austeridad, también fue la erección de un falo en medio de las tierras vírgenes, estableciendo en medio de la nada un recinto lleno de hombres de fuerte convicción para fecundar las tierras y a los hombres de sumiso carácter, llevando acabo una violación, un abuso que daría vida a un mexicano perturbado, hijo de una madre que no reconoce por ser una “entregada” y de un padre machista y violento, no con esto quiero decir que todo problema social en México es repercusión de la conquista religiosa, pero si debemos entender que el arte y la religión que se llevaron a cabo durante ésta, forman parte de una herida que el mexicano no ha querido cauterizar por miedo a caer perdido sin entender el sentido de su existencia, pese a todo, el mexicano intenta aferrarse a lo poco que conoce, la violencia y la sumisión. Y es que el falo arquitectónico se tradujo en un palo alburero, juego de palabras homosexuales donde dos machos intentan penetrarse por medio del engaño, el ganador es aquel que más léxico demuestre, el que mayor experiencia ha adquirido a base de prueba y error como si de una ciencia se tratara.
La única solución a estos rencores justificados en el miedo y el abandono es ir por el camino de la sinceridad y el estudio, pues al comprender lo que fuimos, investigando sobre quienes eran los europeos y quienes eran los naturales, sabremos qué somos nosotros y quiénes queremos ser.
 “Lo mejor, para no equivocarse, es considerar que no existe ningún modelo de lo mexicano, y obrar sin prejuicios, atentos solamente a identificar los movimientos que nacen espontáneamente de nuestro interior, para no confundirlos con los impulsos que, aun cuando están en nosotros, no nos pertenecen.”[2] Es así como la madurez nos hará crecer para poder decidir qué queremos ser cuando seamos grandes, cuando seamos mexicanos. 




[1] El perfil del hombre y la cultura en México. RAMOS, Samuel. 3ª edición 1993. Editorial Planeta.
[2] El perfil del hombre y la cultura en México. RAMOS, Samuel. 3ª edición 1993. Editorial Planeta.

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