31 de enero de 2014

Del andar.

Cuando uno en su andar se topa con una singular belleza pero el ambiente obstaculiza tan fina visión, es inevitable buscar el mínimo reflejo para poder pensar alguna admiración. 

20 de enero de 2014

Aquellos objetos.

2a edición.
I
Ruego tierna dama seas la dueña de mi alma, un objeto, tremendo animal incorrecto, sediento de esa piel mascabada que altera todo en su presencia con hondura y demencia, cada cuenca y ornamento de este perro purulento de veneno y agonía. Se tú la que me trate como polvo, de ese lastre que vive de tus pies el maltrato y cede a tu caminar, tarado por el aroma, perdido por el mirar.

II
No es el gallo cantador, el petirrojo, ni la perica, somos los dos, es ella que grita:  
-¡Rápido! ¡Más fuerte! ¡Lastima!-. Un minuto más en el suelo es sufrimiento, vamos ahora al cuarto del dueño, escupamos su escritorio, denigremos su ropero, no sabrá qué fue todo este tormento. Es infinito este suicidio, muerte tras muerte la sangre evapora, falta poco para que termine la hora, ¡ya no hay tiempo! otro día comenzó. ¡Joder! que el año nuevo no llegue, y a ninguno de los dos la muerte degüelle. Por tanto placer, por tanto repentísimo, negociamos otro matutino. 

III
Esa noche, caminantes y difuntos de sus bocas dudarán:
 -¿Son dos humanos aquellos?  Sacos de carne y nervios, ciegos a los sufrimientos, indiferentes a los ajenos. Par que se abandona a los excesos, bestias matinales, meridianas y sonámbulas ¿no se les disuelven los pensamientos?, ¿no morirán deshidratados? o de ardores y temblores ¿no se quejan los bastardos? Ojala ya estén secos los malditos objetos-.      

IV

Es un muerto este anhelante, una nada pero existente, gozoso de tus sábanas sucias, llenas por las mañanas de los gemidos de la brisa, manchadas por agua de rosas de tu perla moza. 

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