25 de junio de 2014

Calle # 3

Observación:


El ciego camina entre olores de abandono, exagera sus movimientos  para robar la mirada de los que sí pueden, una moneda, el pretexto.

22 de junio de 2014

Calle # 1

Observación:

Con el menudo empeño de seguir satisfaciendo sus necesidades, aquella hembra seduce hombres de bajo autoestima que buscan desahogar su canario. Ella logró la adaptación en el monstruo urbano.

16 de junio de 2014

Caña negra.

Tú y yo haciendo el amor mientras la abuela moría. La vieja agonizó de rabia con la mandíbula frenada a romper los dientes, no dejó que nadie se acercara a la casa, ni los que se decían buenos. La muy cabrona no se desplomó hasta que se paró la balacera. No la tumbó el narco, fue su hora y nada más.
Estaba muy excitado aquella tarde. Tú ahí quieta mirándome mientras clareaba el día. Tu sabor a tabaco inundaba el cañaveral, y tu piel de café se fundía con la tierra. Madre de Dios me encanta penetrarte, oler despacio tu crespa cabellera, libar tus pezones. No me arrepiento de mi maldita ausencia. ¡Carajo abuela! ¿Qué pensaba usted? Por qué no gritó a mi tío o al hermano Felipe, yo estaba muy sordo, pero esos dos ni novia tienen. Carajo vieja, sino fuera pecado pensaría más en usted que en  Dios. Un rezo cada madrugada por tan dichosa vida que nos regaló. Que la cobija, la comida y los estudios, sobre todo los estudios. El campo no es el mismo después de la universidad. Nunca nada es lo mismo.
Recuerdo la primera vez que nos templamos, tuve tremenda erección con solo ver tu perfecta cintura, me reventaba el pantalón al saborearme tus labios gruesos. Tu culo terso. Pero todo se quema cuando las sombras aparecen, asquerosos alientos alcohólicos que pudren todo a su paso, braman y matan sin alma en su corazón, sin pudor en su sangre. De noche cuando despierto, me siento en la cama y  lloro, me quedo quieto, rabioso de amargura maldigo el veneno que se adueñó de nuestro hogar. Qué me pasa. Me hierve la sangre. Te quiero hacer feliz, pero el miedo es fuerte y ya no quiero vivir en éste lugar.
No paro de pensar en ese día. La abuela estaba paranoica, decía que escuchaba llegar los balazos. Yo no oí nada. Me mirabas como con ganas y decidí escapar contigo. La abandoné como si fuera mi perro. Escuché leves gritos pero los quise ignorar, me sentía  como canario alborotado volando entre tus faldas, acariciándote las nalgas. Estabas tan húmeda. Giganta coqueta borrabas mis pensamientos, vaciabas mi soledad. No sé cuanto tardamos, fue demasiado eso es seguro, a nuestra llegada ya todos lloraban. El hermano Felipe toma la escopeta y le destroza el cráneo a un borrego que se desangraba. Felipe me miró con desprecio, yo era el más cercano y me fui, debí defender a la familia y no lo hice. Fue la vieja sola quien los espantó. A ella ni un tiro la rozó, se quedó recargada en el corral de los marranos, le ganó el cansancio y luego la muerte. Nos venían a robar, tenemos poco, pero siempre poco es mejor que nada. También están las niñas. Pendejos si tocan a una de las muchachas, no salen vivos del pueblo.
Tardé una semana en tirar lágrima por la vieja, ahora no puedo parar, tengo las manos sucias de culpa y tristeza. Te extraño tanto vieja. Y ahora estás tú, me carcome el miedo al dejarte sola. Miedo al corazón parpadear y que las sombras te borren la sonrisa. Son varias las imaginaciones que ésta guerra me vendió, no quiero despertar de mañana y ver nuestra caña arder, toda negra y ceniza como la existencia de los malqueridos que nuestra tierra cosechó.

¡Tata perdone! Quiero ser de nuevo como aquel amante del grosero amor, sin recelo ni yerro, borracho de mi hembra, y adolorido por el sol. 

Gaceta Tijera. La Guerra. (pag. 12)

3 de junio de 2014

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