26 de agosto de 2014

Lectura #10 “La caída de la casa Usher” Edgar Allan Poe

1001 libros que leer antes de morir.
Número en la lista: 91

Cada vez que leo esta lista estoy un poco más inconforme, no entiendo la razón del porqué no se agregó el libro de Narraciones  extraordinarias de Poe y en vez de eso se agregaron solo dos cuentos, pero bueno.

Hace pocos días fui a una librería en busca de mi próxima víctima, el problema es que ninguno de los dos libros que buscaba estaba disponible, así que caí en la crisis de tener muchos libros a mi vista y no saber cuál seleccionar, para mí es una crisis pues sufro de ansiedad, esto me permite hacer tareas tediosas y repetitivas o leer como obseso sin cansarme, pero también cargo con la maldición de entrar en conflictos relacionados con la practicidad de las cosas. Actualmente tales situaciones ansiosas se han reducido de manara exponencial, en tiempos anteriores un ataque de estos me arruinaba todo un día y podía causar daños emocionales a mi alrededor, pero hoy en día, cuando ya se cómo controlarlo, solo me suceden cosas como indecisiones sobre qué dulces o libros comprar, o tener que reflexionar si quiero asistir a una fiesta o no, decisiones que a muchos se les hace fácil tomar, pero para mí se convierten en varios minutos de meditación.

Regresando a temas no ansiosos, debo declarar mi ignorancia ante Poe, nunca antes lo había leído, y debo de admitir que me siento ridículo, lo digo porque todos leen a este gran autor cuando son unos adolescentes incomprendidos, cuando se hacen los intelectuales seudo bachilleres y en tiempos así, la verdad es que yo siempre me resistí a los autores populares, y resulta que la consecuencia es evidente, me quedo fuera de la plática, pero no me importa, y eso es porque actualmente puedo leer a autores como él sin ser un oscuro atormentado, sino como una persona que aunque se deja llevar por su narrativa, también puede apreciar las delicadezas del lenguaje y el contexto en el que se escribió, incluso llegué a imaginar que Poe tiene una narrativa muy cercana a la del periodismo, quizá es una idea y nada más.

Me impresiona mucho este autor, su prosa formal y directa,  me sorprende la importancia que tiene como escritor y como pionero del cuento, y por supuesto como el padre del género policíaco e imagino yo, que me seguiré sorprendiendo con forme lo descubra.

Sin más que agregar aquí algo del cuento:


“Me moriré – dijo-, tengo que morir de esta deplorable locura. Así, así, y no de otra manera moriré. Me asustan los acontecimientos futuros, no por ellos mismos, sino por sus resultados. Tiemblo al pensar en los efectos que cualquier incidente, aun el más trivial, pueda causar en esta intolerable agitación de mi alma. No tengo, en realidad, horror al peligro, sino a su absoluto efecto: el terror. “

25 de agosto de 2014

Polyforum Siqueiros. La obra completa del artista completo.

México, D.F.
Julio 2014

Un pie en la calle. # 1

Llego a eso de las dos de la tarde a la estación del metrobús Polyforum, obviamente voy acompañado, eso de viajar solo por la ciudad se lo dejo a los taciturnos. Ya con pie en la calle camino con mi acompañante, nuestro objetivo, el de reconocer el mural más grande del mundo hecho por David Alfaro Siqueiros,  “La Marcha de la Humanidad en la Tierra y hacia el Cosmos. Miseria y Ciencia.”

                             

Pero vamos por partes. Cuando cruzamos Insurgentes Sur nos enfrentamos con la primera sorpresa, un primer mural, “Homenaje al cincuentenario del movimiento muralista mexicano”, pieza cubierta de chatarra que abraza a los cinco – con Siqueiros escondido como el sexto- que dieron vida al muralismo, Rivera, Orozco, Posada, Méndez y por supuesto  Murillo  “Dr. Atl” el genio que le dio clase a los genios.

                 

Así que una vez que encontramos tal pieza frente a nosotros, lo único que me quedaba era ponerme a trabajar, saqué mi cámara y mi libreta, comencé con mis notas y con mis tomas, fue extraño, no había nadie mirando, solo éramos dos curiosos, un tercero se acercó, le llamó la atención mi atención hacia el mural, así que empezó a mirar también, pero lo perdimos rápido, sólo estaba de paso.

                              

Se puede decir que en esta visita hubo choques de emoción, uno cada vez más violento que el anterior. El segundo impacto fue al rodear el Polyforum, doce murales, doce, cada uno con un simbolismo en particular, abarcando los temas del arte, la cultura y el progreso de la sociedad humana. A cada paso la cabeza pesa, no se puede dejar de mirar estos monumentos e incluso se hace evidente el daño por los años, Siqueiros los hizo con gran calidad y maestría para que perduraran, pero ni él pudo con el tiempo. La pintura se ve desgastada por la humedad y la luz, el oxido y la suciedad también invaden el espacio, y el daño más grande es el de la soledad, pues no hay nadie, nadie mira, todos pasan, como que trabajan  y no se dan un tiempo para admirar el lugar. Tristemente esto es lo que más daño le hace.

                                                  

La puerta principal está junto al restaurante, hay más gente ahí que en todo el Polyforum, entramos sin dificultad, un guardia nos recibe y nos da las indicaciones básicas, no flash, no mochilas. En la planta baja se encuentra la galería donde se presentan las exposiciones temporales, también está la tienda, en ella venden recuerdos, artículos de diseño, estampados y ropa. El guardia nos indica la escalera de caracol, toda muy sencilla y con esa peculiar belleza de la arquitectura de los sesenta. Subimos con cautela, todo está muy oscuro, el primer vistazo a la “Marcha de la humanidad…” te lo dan unas colosales manos, no hay forma de separar la representación de las manos y Siqueiros, son uno mismo.

Ya estamos dentro, el espectáculo comienza, una gran bóveda con un mural escultórico-pictórico. Color y fuerza, oscuridad, progreso, astros, tecnología, decadencia, sociedad, conocimiento, un sinfín de reflexiones en el mural más grande del mundo, y solo había otros dos visitantes estudiando la ineficiente aplicación interactiva sobre la vida del artista y su mecenas, no había nadie mirando, no había nadie intentando razonar el porqué de tanto esfuerzo reunido en un solo lugar, solo sillas vacías.

                  

La luz es tenue, te obliga a desplazarte, te acercas para mirar el detalle y te alejas para ver cada sección, en cada mirada pareciera que la pintura se mueve, no es lo mismo mirarlo de frente que de costado. Me comienza a doler el cuello, nuestra mirada siempre arriba intentando descifrar todo, el color, los conceptos, las formas, pero no hay manera, no se puede alcanzar a entender el conocimiento y estudio del artista en solo sesenta minutos, y es ahí cuando me doy cuenta de que me hace falta mucho por recorrer, miles de kilómetros de vida y maduración para ser realmente un profesional, impecable. 

Se acaba la visita, una última mirada al recinto antes de despedirnos de este gigante solitario, me pregunto en qué momento fue que le dimos la espalda a este lugar, será por nuestra educación, por egoísmo o ignorancia, el problema radica que no deja de ser nuestra culpa, que no hay pretexto para que la gente pase junto a el y no mire, aunque sea un segundo, no hay pretexto para no ser cómplice de tan imponente monumento del arte y  la cultura perteneciente de nuestro país. Ahora queda en responsabilidad de cada uno, decidir si de vez en cuando lo vamos a saludar y le damos vida de la única forma que existe, observando.   

                 

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