25 de agosto de 2014

Polyforum Siqueiros. La obra completa del artista completo.

México, D.F.
Julio 2014

Un pie en la calle. # 1

Llego a eso de las dos de la tarde a la estación del metrobús Polyforum, obviamente voy acompañado, eso de viajar solo por la ciudad se lo dejo a los taciturnos. Ya con pie en la calle camino con mi acompañante, nuestro objetivo, el de reconocer el mural más grande del mundo hecho por David Alfaro Siqueiros,  “La Marcha de la Humanidad en la Tierra y hacia el Cosmos. Miseria y Ciencia.”

                             

Pero vamos por partes. Cuando cruzamos Insurgentes Sur nos enfrentamos con la primera sorpresa, un primer mural, “Homenaje al cincuentenario del movimiento muralista mexicano”, pieza cubierta de chatarra que abraza a los cinco – con Siqueiros escondido como el sexto- que dieron vida al muralismo, Rivera, Orozco, Posada, Méndez y por supuesto  Murillo  “Dr. Atl” el genio que le dio clase a los genios.

                 

Así que una vez que encontramos tal pieza frente a nosotros, lo único que me quedaba era ponerme a trabajar, saqué mi cámara y mi libreta, comencé con mis notas y con mis tomas, fue extraño, no había nadie mirando, solo éramos dos curiosos, un tercero se acercó, le llamó la atención mi atención hacia el mural, así que empezó a mirar también, pero lo perdimos rápido, sólo estaba de paso.

                              

Se puede decir que en esta visita hubo choques de emoción, uno cada vez más violento que el anterior. El segundo impacto fue al rodear el Polyforum, doce murales, doce, cada uno con un simbolismo en particular, abarcando los temas del arte, la cultura y el progreso de la sociedad humana. A cada paso la cabeza pesa, no se puede dejar de mirar estos monumentos e incluso se hace evidente el daño por los años, Siqueiros los hizo con gran calidad y maestría para que perduraran, pero ni él pudo con el tiempo. La pintura se ve desgastada por la humedad y la luz, el oxido y la suciedad también invaden el espacio, y el daño más grande es el de la soledad, pues no hay nadie, nadie mira, todos pasan, como que trabajan  y no se dan un tiempo para admirar el lugar. Tristemente esto es lo que más daño le hace.

                                                  

La puerta principal está junto al restaurante, hay más gente ahí que en todo el Polyforum, entramos sin dificultad, un guardia nos recibe y nos da las indicaciones básicas, no flash, no mochilas. En la planta baja se encuentra la galería donde se presentan las exposiciones temporales, también está la tienda, en ella venden recuerdos, artículos de diseño, estampados y ropa. El guardia nos indica la escalera de caracol, toda muy sencilla y con esa peculiar belleza de la arquitectura de los sesenta. Subimos con cautela, todo está muy oscuro, el primer vistazo a la “Marcha de la humanidad…” te lo dan unas colosales manos, no hay forma de separar la representación de las manos y Siqueiros, son uno mismo.

Ya estamos dentro, el espectáculo comienza, una gran bóveda con un mural escultórico-pictórico. Color y fuerza, oscuridad, progreso, astros, tecnología, decadencia, sociedad, conocimiento, un sinfín de reflexiones en el mural más grande del mundo, y solo había otros dos visitantes estudiando la ineficiente aplicación interactiva sobre la vida del artista y su mecenas, no había nadie mirando, no había nadie intentando razonar el porqué de tanto esfuerzo reunido en un solo lugar, solo sillas vacías.

                  

La luz es tenue, te obliga a desplazarte, te acercas para mirar el detalle y te alejas para ver cada sección, en cada mirada pareciera que la pintura se mueve, no es lo mismo mirarlo de frente que de costado. Me comienza a doler el cuello, nuestra mirada siempre arriba intentando descifrar todo, el color, los conceptos, las formas, pero no hay manera, no se puede alcanzar a entender el conocimiento y estudio del artista en solo sesenta minutos, y es ahí cuando me doy cuenta de que me hace falta mucho por recorrer, miles de kilómetros de vida y maduración para ser realmente un profesional, impecable. 

Se acaba la visita, una última mirada al recinto antes de despedirnos de este gigante solitario, me pregunto en qué momento fue que le dimos la espalda a este lugar, será por nuestra educación, por egoísmo o ignorancia, el problema radica que no deja de ser nuestra culpa, que no hay pretexto para que la gente pase junto a el y no mire, aunque sea un segundo, no hay pretexto para no ser cómplice de tan imponente monumento del arte y  la cultura perteneciente de nuestro país. Ahora queda en responsabilidad de cada uno, decidir si de vez en cuando lo vamos a saludar y le damos vida de la única forma que existe, observando.   

                 

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