15 de enero de 2015

Lectura #13 “Azul casi transparente” Ryu Murakami

1001 libros que leer antes de morir.
Número en la lista: 700

El primer libro del año. Entre tropiezos y suciedad me doy cuenta de que soy una persona muy feliz, sin quejas ni resentimientos, sin frustraciones, haciendo lo que quiero a mi manera y cumpliendo poco a poco mis sueños.
Actualmente trabajo en un bar, entregando cerveza a gente que tiene ganas de divertirse y pasar el rato, me divierte mucho estar ahí, todo es muy tranquilo pero punzante por presión de cuidar el dinero y las cuentas, pero da igual, el ambiente de los bares es algo que me agrada en demasía, el estar ahí me da más ideas y experiencias visuales, y se convierte en un camino de inspiración para lo que escribo en mis narraciones sobre mi vida y la vida de la gente que me rodea.

Este libro, es un libro que comparte las satisfacciones del inicio de año. Es una pieza que no juzga y que relata la existencia de un hombre que logró parar el mundo para darse cuenta de su lugar en la vida. Un hombre que alcanzó la madurez después de caer en el abandono, lleno de reflexión y entendimiento, le recomiendo a aquel que lo quiera leer que no deje que las descripciones de los actos solapen la intención global de lo que Murakami nos quiere transmitir, eso solo es un pretexto para explicar lo que logró ver en el azul casi transparente que lo llevo a ser el que es ahora.

Les dejo unas citas del libro:

“Puso el perfumado cigarrillo en mi boca, me preguntó rápidamente algo que no entendí y cuando asentí, pegó su cara a la mía y chupó mi saliva, luego empezó a menear las caderas. Jugos resbaladizos caían de su entrepierna, mojándome los muslos y el vientre.”

“Afuera, el húmedo escenario parecía apacible. Sus inciertos contornos recogían gotas de lluvia, y las voces y los sonidos de los coches tenían sus filos como suavizados por las plateadas agujas de la lluvia. La oscuridad exterior parecía tragarme. Era opaca y húmeda como una mujer tumbada, sin fuerzas, después del amor.”

“Los finos dedos de Lilly sostenían un cigarrillo; tapó la lámpara de alcohol para apagarla. La sombra gigante de la pared se extendió por un momento por toda la habitación y luego se reabsorbió y desapareció como un globo pinchado con un alfiler. Las sombras más pequeñas y densas proyectadas por la bombilla del techo se la tragaron.”

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