20 de marzo de 2015

Consumido.

Mi boca sabe a hierro. Arde como el fuego queroseno que se consume en él. Tengo los pulmones a sudar en pólvora. Negros. Recostada la cabeza sobre la tierra de monte. Un zumbido acalla los ecos del grito lejano. De mis pies se desprenden los dedos, ligeros, etéreos como humo de tabaco recién forjado. Pierdo de vista la delgada línea donde el sol duerme. Ya no hace frío. Tiemblo, tristeza por no saber cómo regresar a casa. De la mano se me pierde tu retrato. Muy bella te veías con tremenda sonrisa. Se mojan. Los ojos. Estoy perdido, separado. No me encuentro el estomago, como que se ha ido, como que ya no está. Tengo sueño. Ya me arropan las hierbas olor a campo. No estoy. Me apartaron de tu lado. Ya me fui. 

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