27 de marzo de 2015

Luz nocturna.

Cada día. A esa hora, en la misma casa de la misma calle. El sonido de sus llaves al abrir la puerta, despierta el sueño de la familia. El perro chilla y mueve la cola. Mamá abre los ojos, se queda recostada abrazando al cristo y comienza a rezar. Papá se levanta. De su mirar le caminan gotas de llanto. Se pone sus sandalias y arrastra los pies hasta la puerta. Tiene la esperanza de la verdadera visita. Entre lo oscuro y lo negro distingue una figura familiar. Le cruje el corazón. Con miedo enciende el foco del cuarto. Lo ve, es Hermano el que está allí parado, llora frente a la puerta abierta. Papá comienza a temblar, abraza a Hermano, pero no sabe qué decir. Ya no puede más. Todos esperan el alba de su Ángel, José Ángel, que sigue sin llegar a casa, sin abrir la puerta.    

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