22 de octubre de 2015

Acoso.

Hoy llegó alguien nuevo, un hombre de unos 60 años, cano, velludo, de una panza enorme y con el cuello lleno de verrugas peludas, no habló con nadie durante toda la sesión, todo un espécimen.

A veces en rehabilitación nos tratan como idiotas, pero lo entiendo porque muchas son señoras necias, y otros tantos son ancianos que se piensan con más conocimiento que el entrenador. Soy de los más jóvenes en toda la alberca, muchos no me hablan, saben que siempre ignoro sus quejas y sufrimientos vanos.

El nuevo se movía de manera muy torpe, como esas personas que nunca han usado sus piernas ni para dar un brinco, no presté más atención y me dediqué a lo mío: que párate, siéntate, tráela, que dame la pata, dame la otra, soy toda una mascota para mi terapeuta.

Me volví a encontrar con el viejo, se paró frente a mí cuando salía de las regaderas, dije buenas tardes y me aparté del frente, se acercó nuevamente cuando me vestía, sentó sus cosas junto a las mías, me miraba de manera sínica y violenta, fingía vestirse o arreglar sus cosas, pero se quedaba ahí desnudo entre su toalla, rascando su nariz y sus axilas, me puse serio, enojado, cuando lo miré de frente el hijo de puta se estiró el pene con la mano derecha, no hice nada, tomé mis cosas y me fui, un acto violento en el deportivo amerita expulsión inmediata, no pienso arriesgar la única oportunidad que tengo para recuperar mi rodillas, tanto enojo lo cargué todo el día, ya pensaré en algo la próxima vez que lo vea...  

19 de octubre de 2015

Ayer con la mamá de Benjamín, uno de los estudiantes desaparecidos:

Deja te doy un abrazo. Estaba parando frente a la mesa explicando a todos el asunto del libro. Breve y rápido, mi verdadera intención era presentar mi respeto ante la madre, más de una mirada cuestionaba mi presencia, fue hasta que la señora Cristina se levantó y me dio su abrazó, que los ojos de todos cambiaron. Yo soy la mamá de Benjamín, gracias por tu apoyo, me dice, gracias a usted por escucharme, le contesto.  

Me ofrecieron fruta y chocolate, la expresión de la señora cambió cuando todos dejaron de hablar del suceso, comenzó a reír, platicar, comer pastel y juguetear con los niños, traía unos aretes en forma de tortuga que resaltaban su sonrisa, honesta, usaba un reboso floreado para apaciguar el frío, es joven, de piel rojiza, cabello grueso, negro, muy negro.

Salí de la casa durante unas horas por un encargo, al regresar el ambiente era festivo y la mayoría ya estaba lleno de pulque, yo bebí mezcal. Tomé mis cosas y me despedí de a poco para no llamar la atención, al final volví con la señora Cristina, con una sonrisa muy viva tomó mi mano entre las suyas y dijo -Muchas gracias por el libro- observó mis ojos, -Muchas gracias a usted, por estar- fue todo lo que dije, después no miré a nadie más y me fui.

Ayer llegué con miedo y sin saber qué esperar,  me fui muy aprendido, comprendí que en esos ojos existe lo mismo que en todos, las ganas de seguir y estar mejor, no más. El libro "Nombres normales" ha viajado mucho, y me ha permitido decir a la gente lo que creo: Que la única manera de crecer es así, Juntos.

11 de octubre de 2015

IBBY México

IBBY México
Foto libro

Ana Garralón 

En esto de los andares: durante esta semana pude asistir a IBBY México al curso - taller "Libro informativo para niños"  impartido por Ana Garralón.

Mis ideas y proyectos para el fomento a la lectura y la producción artística tocaron nuevos panoramas y crecieron de manera exponencial, muy agradecido por todo ello.

5 de octubre de 2015

Perdones.

En el Café una mujer echó perfume sobre su hombro, aroma dulce con un cierto picor a canela, casi el mismo que usaba mi abuela, tengo que decir que semanas después de su muerte yo seguía escuchando el golpeteo de sus llaves, ese anuncio antes de abrir la puerta.

En esos años, no hace mucho, todo el tiempo me la pasaba imaginando el cómo huir de su casa, día y noche se arrodillaba - eso me fastidiaba-  frente al santo para renegar de la vida y dar gracias a Dios, ella era necia y católica, yo era niño e imbécil.

Era su cumpleaños el día que murió, me salí temprano y sin hacer ruido, me fui para el gimnasio, prefería dos horas de golpes en el Box que desayunar caldo de pollo y atole de avena, luego me iba de vago hasta el aburrimiento, y luego un poco más. Ese día fue viernes, cuando regresé ya estaba muerta, fin de la historia, mi par de tías en llanto, alternando sollozos  y gritos de rabia, estaban enojadas por mi abandono, no dije nada, tan alterados sin hablar o entre susurros,  al poco rato la ambulancia llegó por el cuerpo, todos ocupaban sus chamarras, bolsos y  autos, la caravana partió bien organizada sin mirar atrás, olvidando sobre la mesa el pastel con la vela del  "85", se puso agrio por el calor,  yo me encerré en mi cuarto, nunca salí.  

Entradas Destacadas...