7 de diciembre de 2015

Ernesto.

Nadie de la cuadra habla del asesinato de Neto, nuca supimos lo sucedido. Le perdí la pista a él y a sus cuatro hermanos hace muchos años, de vez en vez llegan noticias, la última fue la de su muerte, todo un misterio, desde que Gilberto, su padre, dejo de ser guadalupano ya no habla con nadie, saluda, pero no habla, pasa de largo sin voltear.

Neto y yo hacíamos de cancheros frente a mi casa, su papá nos veía sentado en la banqueta. En esos días la pinta de cholo de Gilberto ya no era tan marcada, hoy día sólo se nota sí te fijas bien en sus camisas o pantalones. Lo recuerdo agarrando la mano de Neto caminando sobre la calle, usaba un paliacate azul sobre su frente, mezclilla y camisa a cuadros. Los primeros ojos verdes que conocí fueron los de él, me sorprendí mucho, pensé que los gringos eran los únicos que los tenían así.

Gilberto siempre me habla con propiedad, incluso de niño me hablaba de usted, su sola presencia me fascina, su caminar pausado y la manera en que no aparta el cigarro de su boca mientras arregla autos. Espero que algún día vuelva a ser mi amigo y me cuente sus historias, como antes de que mataran a Neto.  

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