24 de junio de 2016

Bitácora

Experimentación modular de la cual resultaron 6 tapices, los negativos fueron realizados por toma digital y la impresión fue hecha a mano sobre papel de algodón con una solución de citrato férrico y nitrato de plata (Van dyke)

Tapiz_2
Tapiz_1

Cámara fotográfica para placas de 4 x5 pulgadas, utiliza un lente Mamiya 100 mm basculado 97 grados, de su uso resulta un negativo de 8 x 6 cm.

For 4x5 in Film

12 de junio de 2016

De regreso.

Tengo 18 pesos en la bolsa y llegué temprano a la estación. A esta hora el metrobús va lleno de hombres malhumorados. Mantén a un perro durante diez horas en una jaula y seguro se pone igual.

Y bueno, me guardo mis 6 pesos de pasaje. No soy pobre pero no tengo dinero. Con el resto me busco algo que beber.

Camino hasta la abarrotera y me compro una Coca de lata, no me gusta pero el de la tienda no tiene otra cosa para lo que me alcance.

Ya. En lo que se baja el perrerío mejor me siento, bebo mi refresco y leo un poco.

¡Ah! Pero no pasan cinco minutos y un tipo se me acerca, me pide la hora. Lo veo raro. Él me ve raro. Después de otra mirada caigo en la cuenta... todo se va a la mierda. El muy ojete cree que me prostituyo. Por eso tanto ver. No le digo nada. Me levanto y me voy. Él muy cabrón me truena la boca y me chifla para que lo voltee a ver.

Pues qué más. Un moreno calvo y fornido sentado en una esquina oscura o es ratero o prostituto.

Mejor me meto a la estación, me tomo mi refresco, y dejo que se me muera el tiempo hasta que ya tenga espacio para subirme.

Un día de estos me va dar risa. Hoy no.

21 de mayo de 2016

Esto va lento.

En el metro hay un güerillo que se hace el idiota, lo regentea un gordo mamalón que nunca da la cara en horas pico.

El que se hace el idiota ha de tener como unos 15, se deja el pelo largo, usa ropa aguada y carga con un letrero amarillo que dice: Advertencia, sufre de parálisis cerebral, y luego no sé qué... Y ya, con eso.

El chico se pasea por los vagones, gimiendo y balbuceando, haciéndose de una sonrisa con la que escurre baba. Luego se te queda mirando, se te acerca y si no dices nada, te acaricia la mano o te abraza. Buen negocio eso que hace.

Los pasajeros sacan monedas de donde sea. Gana bien el cabrón. Le dan dinero para que no los toque, por miedo, asco, o lo que sea. A él no lo importa.

Pero ya en poco meses se le acaba el chiste. Le empezó a salir barba y ya nadie le cree lo de la babosada. Al poco rato el gordo mamalón lo va correr y se va buscar uno más joven con el que pueda montar otro truco. Algo más duro, que impacte. Es un ojete al que se le ocurren muchas cosas para ganar dinero.

El metro sigue lento, se para, y en cada ocasión una grabadora dice que en breve se reanudara el servicio. Aprovecho para escribir estas cosas mientras que el güerillo se me queda viendo. Yo lo ignoro como siempre.

19 de mayo de 2016

Ruta 11

Subieron a robar el camión en el que iba. Lo de siempre. Uno adelante, uno atrás y el tercero recoge las cosas.

Muchos fingen no tener celulares, los esconden en su mochila o entre las nalgas. Con golpear al primero que dice: No traigo. El resto se espanta y coopera.

Algunos cargan con señuelos, teléfonos viejos e inservibles que donan a la causa. Yo no hago nada, con esta cara casi nadie me roba, y cuando pasa, pues pasa.

Esta vez, lo mismo. Los tres tipos gritoneando y violentando a las pasajeras. Fue distinto cuando reconocí al que recogía las cosas... Iba conmigo en la secundaria. Se hizo el tonto. Para no flaquear de maricón frente al otro par, a mí me gritó más, -¡¿Ya cabrón... o qué?!

En sus ojos había vergüenza. Mirada infantil.
Saqué mis cosas y las entregué. La mujer a mi lado apretaba sus manos y ojos, gimoteaba. Todo fue rápido, llegué a la hora de siempre a mi casa.

2 de mayo de 2016

Pasar de largo.

Una morena me saluda cuando nos topamos en la calle, eso me cae de raro, yo contesto el saludo sin más. Nunca he sido atractivo para las mujeres, cuando sucede intento no prestar atención. Soy torpe y nervioso. Después les comienzo a hablar de libros, olvido la primera intención. Se aburren y se van.

Ella es delgada, plana. Tiene una leve barriga que le resalta su cintura y las nalgas. Cabello colocho. La mitad de su cara es de un tono más oscuro que el resto de su piel, un gran lunar, nada fatal, una leve sombra que le resalta los pómulos y la sonrisa.

Ayer se acercó más. Olvidé mi comida sobre la mesa cuando salí de casa, tuve que comer en una fonda. Allí la descubrí de mesera, con delantal y toda la cosa. Me atendió. Pedí arroz, consomé y el resto. Cuarenta pesos. Antes de irme se atrevió a preguntar sobre la libreta que siempre cargo. Nada. Tonterías y fragmentos mal logrados de narrativa, cuentos y esas cosas. Ella se puso amarga, esperaba más plática o algo parecido. Yo estoy amargo. He notado como algo se está pudriendo acá dentro. Ahora que recuerdo, a mí me gustaba eso de enamorarse. Ver la cara de alguien, sentir esa angustia placentera que mezcla el miedo y la euforia.
No sé qué pasa. Lo que me pasa...

10 de abril de 2016

A eme.

Al de la entrada le gusta acosar a las trabajadoras, sobre todo a las de pelo corto.

Se la pasa mirando porno en su celular cuando nadie lo ve. Él cree que nadie lo ve.

Es blanco, escuálido, de unos treinta años.

Se nota como ellas se llenan de molestia y asco cuando les cae encima su mirada. Las viola con sus ojos marrones mientras ellas firman su hora de entrada.

-Buenos días - les dice sonriendo.

60 min.

El café no sabe mal pero no es lo que yo pedí.

La barista no me atiende bien. Me gustan sus pantalones apretados aunque está gorda.

Me entrega un vaso ligero y desechable con un americano. Le pedí un expreso.

Pago y me despido. Gracias. Ella alza las cejas sin decirme nada. Es atractiva su imbécil actitud.

Camino rápido. Tengo cinco minutos para regresar al edificio.

Es una hora de comida.

17:21

Pienso en lo que sea... Algo que me haga ganarme la vida como hacen los médicos o los billetes de lotería.

Afuera hay un hombre que mira a través del cristal. Soy un maniquí, un trenecillo de feria. Él allí fuera sin nada mejor que hacer. Yo aquí dentro sin poder salir.

Hoy me toca doblar turno.

22 de marzo de 2016

17:09

Aquel hombre ha bebido mucho, se tambalea sobre la banqueta. Botarga sin empleo.
 
Mujeres en tacones van y vienen, presumen sus vasos altos de café.
 
El policía de tránsito pide limosna, no deja que sepan su nombre.
 
En la esquina construyen un edificio, frío, seco. Oficinas para abogados.
 
Los restaurantes vacíos, los charcos turbios, las colillas de cigarro.
 
Un hombre espera a su novia. Le mira las nalgas a las secretarias que se despiden a la entrada. Ella llega tarde.
 
Fetichista, vanidoso, escribo esto negando mi inclusión.
 
Un hombre sin nada que hacer está sentado en la banca, tiene una libreta en la mano. Aburrido.

6 de febrero de 2016

Camila.


Carlos me pide mezcal, no tengo dinero. Me dice que vayamos a Calle Regina a robar, yo no robo pero lo acompaño. Una cuadra antes se quita el reloj y me lo da. Con el frío evitamos las tiendas, no nos gusta sacar cerveza, pesada y ruidosa que no te alivia la garganta. Espero unos minutos, él se adelanta, cinco minutos más y comienzo a caminar junto a los locales, la mayoría está poblado. Uno llama mi atención, fachada negra, luz baja y está fondeado con jazz, Mingus. Me tomo un asiento de sus mesas exteriores, todo de madera, incomodo. La gente está tranquila, varios hipster y una mujer delgada de falda negra y camisa blanca.

Pido dos mezcales a la mesera, tiene los labios pintados de rojo. Veinte pasos. Dos minutos. Cuando está de regreso me levanto para ir al baño, le bloqueo el paso a medio camino de mi mesa para pedirle una cerveza, oscura, ella asiente con mis dos mezcales en la mano, me sigo caminando.

Mientras orino observo los relojes en mi muñeca, el suyo tiene manecillas color marrón, el segundero flota suavemente con un detalle rojo en la punta de flecha que me parece relajante. Con el último chorro de orina me da un temblor en la espalda.

Tres minutos.

Hay una servilleta debajo de la cerveza, limones, sal y dos caballitos sin mezcal sobre la mesa. Alboroto. Llamo a la mesera y antes de preguntar una pareja que cuchichea y nos observa interviene: Un chavo llegó corriendo, se los tomó y se fue por allá...

La mesera no sabe qué decir.

Entre mal habladas intenta argumentar que debo pagarlos, ella sabe que no me va sacar nada. Enfadado, me voy del bar, me pierdo entre los que caminan y se ríen. Al otro extremo de Regina Carlos me está esperando para que vayamos a otro lado, de mi pantalón saco la cerveza y se la ofrezco, le da un trago y la regala a un loco que está pidiendo dinero.

Entradas Destacadas...