21 de mayo de 2016

Esto va lento.

En el metro hay un güerillo que se hace el idiota, lo regentea un gordo mamalón que nunca da la cara en horas pico.

El que se hace el idiota ha de tener como unos 15, se deja el pelo largo, usa ropa aguada y carga con un letrero amarillo que dice: Advertencia, sufre de parálisis cerebral, y luego no sé qué... Y ya, con eso.

El chico se pasea por los vagones, gimiendo y balbuceando, haciéndose de una sonrisa con la que escurre baba. Luego se te queda mirando, se te acerca y si no dices nada, te acaricia la mano o te abraza. Buen negocio eso que hace.

Los pasajeros sacan monedas de donde sea. Gana bien el cabrón. Le dan dinero para que no los toque, por miedo, asco, o lo que sea. A él no lo importa.

Pero ya en poco meses se le acaba el chiste. Le empezó a salir barba y ya nadie le cree lo de la babosada. Al poco rato el gordo mamalón lo va correr y se va buscar uno más joven con el que pueda montar otro truco. Algo más duro, que impacte. Es un ojete al que se le ocurren muchas cosas para ganar dinero.

El metro sigue lento, se para, y en cada ocasión una grabadora dice que en breve se reanudara el servicio. Aprovecho para escribir estas cosas mientras que el güerillo se me queda viendo. Yo lo ignoro como siempre.

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