2 de mayo de 2016

Pasar de largo.

Una morena me saluda cuando nos topamos en la calle, eso me cae de raro, yo contesto el saludo sin más. Nunca he sido atractivo para las mujeres, cuando sucede intento no prestar atención. Soy torpe y nervioso. Después les comienzo a hablar de libros, olvido la primera intención. Se aburren y se van.

Ella es delgada, plana. Tiene una leve barriga que le resalta su cintura y las nalgas. Cabello colocho. La mitad de su cara es de un tono más oscuro que el resto de su piel, un gran lunar, nada fatal, una leve sombra que le resalta los pómulos y la sonrisa.

Ayer se acercó más. Olvidé mi comida sobre la mesa cuando salí de casa, tuve que comer en una fonda. Allí la descubrí de mesera, con delantal y toda la cosa. Me atendió. Pedí arroz, consomé y el resto. Cuarenta pesos. Antes de irme se atrevió a preguntar sobre la libreta que siempre cargo. Nada. Tonterías y fragmentos mal logrados de narrativa, cuentos y esas cosas. Ella se puso amarga, esperaba más plática o algo parecido. Yo estoy amargo. He notado como algo se está pudriendo acá dentro. Ahora que recuerdo, a mí me gustaba eso de enamorarse. Ver la cara de alguien, sentir esa angustia placentera que mezcla el miedo y la euforia.
No sé qué pasa. Lo que me pasa...

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