12 de junio de 2016

De regreso.

Tengo 18 pesos en la bolsa y llegué temprano a la estación. A esta hora el metrobús va lleno de hombres malhumorados. Mantén a un perro durante diez horas en una jaula y seguro se pone igual.

Y bueno, me guardo mis 6 pesos de pasaje. No soy pobre pero no tengo dinero. Con el resto me busco algo que beber.

Camino hasta la abarrotera y me compro una Coca de lata, no me gusta pero el de la tienda no tiene otra cosa para lo que me alcance.

Ya. En lo que se baja el perrerío mejor me siento, bebo mi refresco y leo un poco.

¡Ah! Pero no pasan cinco minutos y un tipo se me acerca, me pide la hora. Lo veo raro. Él me ve raro. Después de otra mirada caigo en la cuenta... todo se va a la mierda. El muy ojete cree que me prostituyo. Por eso tanto ver. No le digo nada. Me levanto y me voy. Él muy cabrón me truena la boca y me chifla para que lo voltee a ver.

Pues qué más. Un moreno calvo y fornido sentado en una esquina oscura o es ratero o prostituto.

Mejor me meto a la estación, me tomo mi refresco, y dejo que se me muera el tiempo hasta que ya tenga espacio para subirme.

Un día de estos me va dar risa. Hoy no.

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